7 TIPS para contar una Historia
En pocas palabras: Muchas veces la vida misma es una metáfora a la hora de transmitir conceptos. Hoy les quiero contar un episodio que pasó en mi casa y que creo que es un excelente ejemplo para tomar tips a la hora de contar una historia. Si les gustó, déjenme su comentario al final. Me encanta saber qué sienten o piensan quienes me leen. Hoy les quiero contar una situación que pase hace poco, donde creo que podemos ver varias cuestiones vinculadas a las bases de la improvisación y la vida misma. Yo vivo en departamento y en la cocina hay un caño donde desagotan la pileta de la cocina y el lavarropas. En algún momento de la historia de este departamento, hicieron un arreglo que no fue totalmente prolijo y cada tanto ese desagote se tapa. Desde hace años, cada tanto pido a la administración del edificio que mande al “muchacho de la destapación”, el viene con su máquina que pasa por el caño y santo remedio (chic@s jóvenes abstenerse de comentarios). Algo muy simple. Se soluciona hasta que se vuele a tapar y lo vuelvo a llamar, y así. Nunca tuve mayores problemas con eso, solamente la molestia de llamarlo cada 4, 5 o 6 meses para que venga con su máquina. Esta semana (en realidad cuando escribí esto que fue hace un tiempo, de hecho ya se volvió a tapar) vuelvo a toparme con el caño tapado. No se inundaba nada (NO SE INUNDA MÁSSSS) pero ya lo empezaba a notar mal, por lo tanto, para evitar mayores complicaciones, pido a la administración que por favor manden al muchacho de la destapación. Ahí me entero de que la administración se cansó de este muchacho porque es un poco vueltero para cumplir con su trabajo, por lo tanto, enviarían al plomero del consorcio. Hasta ahí no noté ninguna complicación. El plomero vino cuando yo no estaba y lo recibió mi marido, quien nunca se había encargado del tema de la destapación hasta ese día. Cuando vuelvo a casa me entero de que el hombre no había traído ninguna máquina para destapar, sino que había sacado parte del mueble de la cocina (JAMÁS habían tenido que hacer algo parecido), también dejó el trabajo inconcluso porque se tuvo que ir a otro trabajo. Volvería al día siguiente a correr la cocina de lugar (WHAT A FUCK!!) para seguir resolviendo (?) el problema. Hasta ahí todo un poco incómodo nada más. Pero el problema más serio surgió cuando pusimos un lavado en el lavarropas y éste empezó a centrifugar, de pronto el agua empezó a salir desde el desagote y la cocina ¡se empezó a inundar! Básicamente, no sólo que el problema no había sido resuelto, sino que había EMPEORADO muchísimo y casi tenemos que armar un arca para meter dentro a nuestra bebé y a nuestro perro. Cuando le hablo al plomero, reclamándole el desastre que había hecho, el tipo en ningún momento se hizo cargo de la situación, le echó la culpa al caño, al mueble de la cocina, a que dijo que volvería al día siguiente, a que no le llegó la segunda dosis de la vacuna, ¡a tantas cosas! Tan distinto hubiese sido un “te pido mildis, no sabía que había dejado las cosas tan mal, mañana paso a primera hora”. No, nos dice que pasaría al día siguiente DESPUÉS DEL MEDIODÍA! No sólo no se comprometió con la macana que hizo, sino que tampoco pudo explicar qué había hecho como para dejar las cosas peor a lo que estaban antes de que venga. Yo no quise que volviera a terminar el trabajo porque pensé dos hipótesis: o no estaba preparado para hacer la destapación, sea por falta de habilidad o por falta de las herramientas correspondientes, o agravó todo un problema (intencionalmente o no) por estar viendo la parte de la película que quiso o que pudo; es decir que agravó una situación por meter manos de plomero donde no había que tocar nada. A raíz de la calentura que me pegué con lo sucedido, pensé varias cosas que les quiero compartir porque son ejemplificadoras de errores que muchas veces cometemos a la hora de crear una historia cuando improvisamos. Me gustaría que tomen esta historia improvisada como una metáfora de lo que nos pasa cuando creamos “historias” en nuestro día a día, sea en nuestras casas, en la convivencia social, en el trabajo… La primera reflexión es un mea culpa. A veces la culpa nos mea la cabeza y nos hacemos cargo de cosas que no nos corresponden, pero me tengo que hacer cargo de algo. Yo hablé con el plomero y sin demasiadas indicaciones le pase la pelota a mi marido, quien no supo advertir todo lo que estaba pasando. Que sea siempre yo quien se encargaba de ese tema hizo que él no supiera cómo era el problema y por lo tanto se produjo un cortocircuito en la comunicación plomero-yo-marido. Encima cuando vino el plomero, yo no estaba disponible al teléfono. Y mi marido también es responsable de no haberse apropiado de la situación de manera voluntaria en el pasado. En las historias que contamos muchas veces tenemos que SER OBVIOS, no dar las cosas por sentado (yo pensé que estaba todo clarísimo y me fui chocha de casa). Si estamos improvisando una historia debemos tener en cuenta que el/la otr@ no es un/a mentalista que va a adivinar lo que tenemos en la cabeza. Faltó claridad de mi parte al explicarle a mi marido lo que tenían que hacer. Las siguientes reflexiones ya corresponden a la responsabilidad de mi amigo (?), el plomero. Punto número uno, no importa si él tomó un trabajo que no sabía o podía hacer o quiso inventar un problema para crearse un trabajo a resolver. El empeoró la situación, se fue y no nos advirtió del problema agravado que nos dejó y no se hizo cargo. Cuando estamos en la escena de la improvisación, cuando pasamos al









