En pocas palabras:

Hoy quiero hablarles del miedo. Cómo el miedo nos aleja de nuestros objetivos y con qué tipos de miedos nos podemos enfrentar a la hora de encarar nuestros procesos creativos.
Si les gustó, déjenme su comentario al final. Me encanta saber qué sienten o piensan quienes me leen.
Pepa íntima
Hoy les quiero hablar del miedo. En lo personal el miedo me acompañó durante mucho tiempo a lo largo de mi vida (bah, me sigue acompañando, sólo que trato de que no frene decisiones y acciones).
Principalmente durante muchos años de mi vida mi mayor miedo fue hacerme cargo de mi deseo, de apropiarme de él y hacerlo carne. ¿Cómo lo evitaba? Básicamente tomando decisiones en función de lo que conformaba a los demás, en vez de lo que me conformaba a mí. Ojo, en ese momento no era consciente de ello, pero siempre terminaba frustrada y enojada, lejos del camino del amor y de lo que quería para mí vida. Ay si, me puse profunda e íntima, pero seguramente somos un montón a los que les pasó o les pasa lo mismo, porque el deseo es algo que se arma con los otros que nos rodean, por eso muchas veces terminamos entrampados en los intereses de los demás en vez de los nuestros, sin darnos cuenta. Y para eso estamos los psicólogos! Para tratar de que nos encontremos con nuestro propio deseo, más allá de los otros.
Qué difícil nos resulta muchas veces hacer cosas más allá de la mirada y las expectativas de los demás, ¿no? No digo que a todo el mundo le pase, pero me parece que es un tema de muchas personas.
Les cuento una experiencia personal. Para mi padre, con quien siempre tuve una gran relación, era inaudito que un hijx suyo quisiera estudiar Ingeniería (cualquiera sea su tipo), Administración de Empresas, Economía, Medicina, etc. Siempre nos metió el chip de estudiar carreras vinculadas a lo social. Entré como un camión en esa trampa y desde chica dije que quería ser psicóloga para dedicarme a la clínica, atender pacientes. Cuando estudié la carrera la hice muy convencida y comprometida con ella, porque yo sentía que era por ahí. Y ojo, me copó la carrera, sólo que para mí había un sólo camino de ponerme la piel de psicóloga, y era atendiendo pacientes, ya sea en un hospital o en un consultorio privado. Una vez recibida, cuando me topé con esa realidad, cuando estaba haciendo la concurrencia en un hospital con la cara del paciente frente a mí, me fui dando cuenta que no era lo que quería para mi vida.

Fue un descubrimiento muy duro en ese momento, siempre fui muy exigente y me resultaba inaudito querer cambiar el camino que ya venía transitando. Fue una etapa de mucha angustia, donde entendí que quería hacer otras cosas, incluso cosas que antes me parecían odiosas. Fue así que decidí patear el tablero y pegar un volantazo hacia el universo de los recursos humanos, algo a lo que antes me negaba por completo. Sin embargo, en este nuevo terreno me empecé a sentir como pez en el agua y cada vez me fui metiendo más.
Unos años más tarde fue que me tope con la improvisación teatral y eso fue un nuevo descubrir en mi vida, y con el tiempo empecé a re-direccionar mis acciones hacia un sentido diferente, y ahora acá estoy, haciendo convivir todos esos universos que habitan mi interior. Y quien dice, quizás en unos años encuentre otra cosa que me provoque lo mismo y vuelva a probar cosas distintas.
Considero que me pasaron tres cosas.
La primera es que decidí en función de lo que querían los demás, nunca lo cuestioné, el camino era uno y punto.
La segunda fue que me faltaba información, estaba convencida de que el camino era uno sólo: harás clínica o no harás nada, nunca investigué más allá de la realidad que me rodeaba (algo totalmente anti-creatividad), me quedé con lo que me resultaba conocido y punto.
Y lo tercero fue estar habitada por los mismos prejuicios que habitaban a mi padre y los hice carne (otra actitud totalmente anti-creatividad). Lo irónico de todo fue que la terapia fue la herramienta que me ayudó a descubrir mi verdad y abandonar la de los demás.
Claramente nadie era consciente de lo que estaba pasando, ni mi padre ni yo, pero cuando lo pude ver y detecté que no era feliz con esas elecciones, pude aprovechar para ir cambiando el norte de mis decisiones.

Les cuento esta tramo de mi vida ya que el transfondo de eso era el MIEDO. Miedo a decepcionar a los otros, sobretodo a mi padre, miedo a tomar caminos que no conformen a los deseos ajenos, miedo a un castigo divino (oh si! fui educada en una escuela católica donde la culpa le gana al deseo), y por supuesto nunca llegó ningún castigo. Más bien, todo lo contrario, cuando me adueñe de mi deseo, empezaron a aparecer muchos más momentos gratos en mi vida. Bueno, basta de hablar de mí!
Este texto es para hablar del miedo, una emoción que nos acompaña a todos y a todas.
El MIEDO
El miedo es una de las emociones más básicas de la humanidad. Nos defiende de una situación de peligro mediante reacciones de defensa o de huída. Permite nuestra supervivencia, básicamente si viviésemos sin miedo, moriríamos. Es decir que es una emoción adaptativa. El miedo en sí mismo es necesario, nos ayuda a alejarnos de un suceso para el cual todavía no estamos preparados.
El miedo es una emoción básica y primaria. Se encuentra en todas las culturas. El problema nuestro es que vivimos con miedos disfuncionales. Tenemos asociado al miedo a algo negativo, de todas maneras si está en TODAS las culturas, se debe a algo. ¿No?
En sí el miedo no es ni bueno ni malo, ya que las emociones no son ni buenas ni malas, necesitamos de todas ellas de alguna u otra manera. Siempre es bueno sentir emociones, ya que todas tienen un sentido para nuestras vidas. El problema es cuando el miedo se convierte en algo disfuncional, cuando nuestras interpretaciones, nuestras lecturas de la realidad, nuestras creencias hacen que sintamos miedo de manera disfuncional.

Los miedos disfuncionales son miedos ante hechos que no son peligrosos pero los anticipamos como tales, entonces, lejos de ser un beneficio, nos perjudican y nos frenan. Nos alejan de lo que deseamos.
Cuando nos paraliza significa que de alguna manera se apoderó de nosotros, de nuestras decisiones, porque se lo permitimos.
Naturalmente, así como los pensamientos que nos representan amenazas irreales, anticipadas, nos producen miedo, el miedo potencia los pensamientos negativos irreales que nos dicen que no hagamos determinadas cosas, o que no vayamos a algunos lugares. Es un círculo vicioso que se retroalimenta todo el tiempo.
Hay una frase que me gusta: “los miedos son «amigos» que nos dan malos consejos”, que nos dicen que lo más correcto es quedarnos escondidos sin hacer nada, evitar las situaciones que nos provocan ansiedad, que no vamos a conseguir lo que queremos, que no somos capaces. Son amigos tóxicos (ahora que está tan de moda hablar de personas tóxicas).
El miedo disfuncional crea síntomas: palpitaciones, sudoración, sensación de falta de aire, sentimientos de incapacidad, de impotencia, falta de autoestima…
El miedo a CREAR
El miedo de “lo que podría ser”, es un ejemplo de miedo disfuncional, porque nos aleja de nuestra fuerza creativa, ya que la inhibe y terminamos cayendo en las soluciones que ya conocemos y venimos aplicando hace tiempo. Cometer un error nos parece terrible y nos quedamos con el terrenito conocido.

Por lo tanto, el miedo más presente en el proceso creativo es el miedo a equivocarnos. Si bien las organizaciones, el mundo del trabajo y educativo, desde hace unos años se encuentran más abiertos a la cultura del error, lo cierto es que aún queda un largo camino por recorrer en este asunto, porque desde chicos no hacen temer mucho a las equivocaciones.
Nos educan de tal forma que todo encastre en determinados parámetros y eso frena nuestra fuerza e intención de exploración. Por ende, cuando somos adultos, preferimos evitar aquellas situaciones que nos expongan al riesgo de equivocarnos porque sentimos que haríamos el ridículo.
El trabajo creativo es el resultado de haber tomado riesgos. No hay creatividad con riesgo cero.
El miedo al éxito
En el otro polo, nos encontramos con el miedo al éxito.
Este miedo surge del sentido de responsabilidad abrumadora que derivaría de la situación de éxito. Creer que, en caso de que nos vaya bien, no podríamos lidiar con la cadena de decisiones que devendrían de allí.
Y si a eso le sumamos la culpa religiosa de: “no me lo merezco”, “seguro que esto bueno que me está pasando, es el preludio de una caída a posteriori”, el miedo se hace un banquete griego.

El miedo a empezar

También nos encontramos con el miedo a empezar. Este miedo nos paraliza antes de empezar un proyecto. Damos cientos de vueltas a la idea y postergamos (procrastinamos) el momento de sentarnos a escribir, dibujar, a crear. Encontramos excusas en cualquier rincón de nuestra mente para no enfrentar nuestro desafío.
Sentimos como si nunca estuviéramos lo suficientemente listos o preparados para hacer ese primer trazo. Puede ser que así sea, pero en algún momento tenemos que empezar con el proceso creativo, sino nunca vamos a saber lo que tenemos que ajustar.
El miedo a que nos juzguen
El otro miedo que nos acompaña en los procesos creativos es el miedo a que nos juzguen: “Mi idea no le va a gustar a nadie, van a pensar que no soy lo suficientemente creativo”. Este es el miedo a exponer nuestro trabajo a otros.

Este miedo trae la idea de que podemos ser criticados por los demás, que estos lleguen a pensar que somos mediocres y poco originales. Entonces dejamos los proyectos en el cajón y los abandonamos.
Para crear hay que hacerlo más allá de los otros. Las críticas de los demás son necesarias en los procesos creativos, cuando las mismas apuntan a mejorar nuestro trabajo. Pero muchas veces la gente que critica, es gente que no hace, porque de afuera es más fácil criticar. Por lo tanto, no tiene el menor sentido darle espacio y credibilidad a esas voces.
Estos miedos están relacionados con nuestra propia autoestima o confianza como creadores. Nadie está exento de ese peligro, pero debemos tomar coraje, ponerle el pecho a las balas y enfrentar el mundo, meternos en terrenos desconocidos, que siempre hay tiempo para hacer ajustes. Y como dice el dicho: el que hace se equivoca.
LA VACUNA
La manera de inmunizarnos al miedo es soltar las ideas de que nos vamos a poder. “Ay si Pepa, qué fácil es decir “soltar”, pero CÓMO HACEMOS??”: empiecen a hacer cosas sin juzgarlas. Probablemente les parezcan horribles y seguramente lo sean! Pero no importa, ningún deportista olímpico llegó ahí sin dedicación. Así que HAGAN CARAJO!! que para los ajustes y las mejoras ya habrá tiempo, pero ese tiempo vendrá después.
Eviten el lugar de víctima, que es el deserotizante más efectivo, repele al deseo. El deseo implica jugársela, poner el cuerpo y la cabeza. Así que nada de: no podemos Pepa, qué difícil!, se me cortó la luz, el perro me hizo pis en la alfombra. Juuuuuuiraaaa!!
Al miedo hay que conocerlo. Todos sabemos a qué le tememos así que hagámonos cargo de eso, dejemos de hacernos los distraídos, pongámosle nombre (pongámoslo en palabras) y sepamos que la respuesta no va a ser fácil y que nos va a exigir trabajo, acciones concretas. Los miedos son reales, pero provienen del mundo de la fantasía, quitemosle ese poder.


Al miedo hay que conocerlo. Todos sabemos a qué le tememos así que hagámonos cargo de eso, dejemos de hacernos los distraídos, pongámosle nombre (pongámoslo en palabras) y sepamos que la respuesta no va a ser fácil y que nos va a exigir trabajo, acciones concretas. Los miedos son reales, pero provienen del mundo de la fantasía, quitemosle ese poder.
Los miedos que no surgen a través de una amenaza real, son generados por nuestras ideas, por ende es necesario reconocer que somos nosotros mismos los creadores de la situación y al mismo tiempo las principales víctimas, y también aceptemos que depende de nosotros cambiar y superar el problema.
Por eso vayamos por menos ideas de miedo y más ideas creativas!
Ya se que está trillado pero sólo nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos, nadie va a hacer el trabajo que nos corresponde. Así que, dejen las excusas y hagan, hagan, hagan porque lo perfecto es enemigo de lo bueno.
Y tengan presente que la única hora, ¡ES AHORA!
Si te gustó lo que leíste, te invito a mirar este video de mi canal de Youtube