
En pocas palabras:
Muchas veces la vida misma es una metáfora a la hora de transmitir conceptos. Hoy les quiero contar un episodio que pasó en mi casa y que creo que es un excelente ejemplo para tomar tips a la hora de contar una historia.
Si les gustó, déjenme su comentario al final. Me encanta saber qué sienten o piensan quienes me leen.
Hoy les quiero contar una situación que pase hace poco, donde creo que podemos ver varias cuestiones vinculadas a las bases de la improvisación y la vida misma.
Yo vivo en departamento y en la cocina hay un caño donde desagotan la pileta de la cocina y el lavarropas. En algún momento de la historia de este departamento, hicieron un arreglo que no fue totalmente prolijo y cada tanto ese desagote se tapa. Desde hace años, cada tanto pido a la administración del edificio que mande al “muchacho de la destapación”, el viene con su máquina que pasa por el caño y santo remedio (chic@s jóvenes abstenerse de comentarios). Algo muy simple. Se soluciona hasta que se vuele a tapar y lo vuelvo a llamar, y así. Nunca tuve mayores problemas con eso, solamente la molestia de llamarlo cada 4, 5 o 6 meses para que venga con su máquina.

Esta semana (en realidad cuando escribí esto que fue hace un tiempo, de hecho ya se volvió a tapar) vuelvo a toparme con el caño tapado. No se inundaba nada (NO SE INUNDA MÁSSSS) pero ya lo empezaba a notar mal, por lo tanto, para evitar mayores complicaciones, pido a la administración que por favor manden al muchacho de la destapación. Ahí me entero de que la administración se cansó de este muchacho porque es un poco vueltero para cumplir con su trabajo, por lo tanto, enviarían al plomero del consorcio. Hasta ahí no noté ninguna complicación.

El plomero vino cuando yo no estaba y lo recibió mi marido, quien nunca se había encargado del tema de la destapación hasta ese día. Cuando vuelvo a casa me entero de que el hombre no había traído ninguna máquina para destapar, sino que había sacado parte del mueble de la cocina (JAMÁS habían tenido que hacer algo parecido), también dejó el trabajo inconcluso porque se tuvo que ir a otro trabajo. Volvería al día siguiente a correr la cocina de lugar (WHAT A FUCK!!) para seguir resolviendo (?) el problema. Hasta ahí todo un poco incómodo nada más. Pero el problema más serio surgió cuando pusimos un lavado en el lavarropas y éste empezó a centrifugar, de pronto el agua empezó a salir desde el desagote y la cocina ¡se empezó a inundar!
Básicamente, no sólo que el problema no había sido resuelto, sino que había EMPEORADO muchísimo y casi tenemos que armar un arca para meter dentro a nuestra bebé y a nuestro perro.


Cuando le hablo al plomero, reclamándole el desastre que había hecho, el tipo en ningún momento se hizo cargo de la situación, le echó la culpa al caño, al mueble de la cocina, a que dijo que volvería al día siguiente, a que no le llegó la segunda dosis de la vacuna, ¡a tantas cosas! Tan distinto hubiese sido un “te pido mildis, no sabía que había dejado las cosas tan mal, mañana paso a primera hora”. No, nos dice que pasaría al día siguiente DESPUÉS DEL MEDIODÍA! No sólo no se comprometió con la macana que hizo, sino que tampoco pudo explicar qué había hecho como para dejar las cosas peor a lo que estaban antes de que venga.
Yo no quise que volviera a terminar el trabajo porque pensé dos hipótesis: o no estaba preparado para hacer la destapación, sea por falta de habilidad o por falta de las herramientas correspondientes, o agravó todo un problema (intencionalmente o no) por estar viendo la parte de la película que quiso o que pudo; es decir que agravó una situación por meter manos de plomero donde no había que tocar nada.
A raíz de la calentura que me pegué con lo sucedido, pensé varias cosas que les quiero compartir porque son ejemplificadoras de errores que muchas veces cometemos a la hora de crear una historia cuando improvisamos.
Me gustaría que tomen esta historia improvisada como una metáfora de lo que nos pasa cuando creamos “historias” en nuestro día a día, sea en nuestras casas, en la convivencia social, en el trabajo…

La primera reflexión es un mea culpa. A veces la culpa nos mea la cabeza y nos hacemos cargo de cosas que no nos corresponden, pero me tengo que hacer cargo de algo. Yo hablé con el plomero y sin demasiadas indicaciones le pase la pelota a mi marido, quien no supo advertir todo lo que estaba pasando. Que sea siempre yo quien se encargaba de ese tema hizo que él no supiera cómo era el problema y por lo tanto se produjo un cortocircuito en la comunicación plomero-yo-marido. Encima cuando vino el plomero, yo no estaba disponible al teléfono. Y mi marido también es responsable de no haberse apropiado de la situación de manera voluntaria en el pasado.

- En las historias que contamos muchas veces tenemos que SER OBVIOS, no dar las cosas por sentado (yo pensé que estaba todo clarísimo y me fui chocha de casa). Si estamos improvisando una historia debemos tener en cuenta que el/la otr@ no es un/a mentalista que va a adivinar lo que tenemos en la cabeza. Faltó claridad de mi parte al explicarle a mi marido lo que tenían que hacer.
- Las siguientes reflexiones ya corresponden a la responsabilidad de mi amigo (?), el plomero. Punto número uno, no importa si él tomó un trabajo que no sabía o podía hacer o quiso inventar un problema para crearse un trabajo a resolver. El empeoró la situación, se fue y no nos advirtió del problema agravado que nos dejó y no se hizo cargo.
Cuando estamos en la escena de la improvisación, cuando pasamos al escenario y los espectadores vieron nuestro cuerpo ahí, no puedo irme como si nadie me hubiese visto. ¿Pase al escenario y no se me ocurre qué hacer? Bueno, no me puedo borrar porque ya me vieron, por ende puedo probar hacer una acción (como por ejemplo limpiar una mesa) que las ideas ya van a aparecer. Hacer atrae a las ideas. Es tan simple como eso, si abandono el barco, difícilmente puedan surgir las ideas.

Cada vez que propongo algo me tengo que hacer cargo, ¿no me copa lo que propuse? ¿Hubiese preferido manejar una nave espacial? ya está, lo acepto y voy pal frenchi. No puedo dejar la mesa que empecé a limpiar y pasar a manejar una nave espacial sin una transición. A lo sumo, sino pasó nada en el medio, cuando termino de limpiar la mesa JUSTIFICO cómo de ahí paso a manejar la nave: la mesa está en el comedor de una nave espacial, recién termino de almorzar y voy a retomar el control de la nave que la dejé en piloto automático. Tengo que confiar en que ya llegará el momento de reencaminar la historia hacia donde me sienta más cómod@, pero no puedo hacerme la o el dolobu con lo que propuse en un principio y borrar como si nadie lo hubiese visto.
3 – El plomero vino con una propuesta previa a mirar el problema y eso no le permitió VER la escena, y ver, mirar apropiadamente es una manera de ESCUCHAR. El recortó (sea por desconocimiento, inexperiencia, sesgo profesional o simplemente por mal tipo) la situación sin tomar registro de lo que estaba pasando. No sólo que vino con una propuesta que no resolvía la situación, es decir que no era acorde a lo que estaba pasando, sino que vino con poco tiempo. Básicamente no estaba conectado con el AQUÍ y AHORA de lo que estaba pasando. Estaba apurado por irse, por eso la historia terminó mal. Porque él no quería contar esa historia o la quería contar como se le daba la gana sin mirar el contexto.
4 – El plomero cometió un error que hizo empeorar la situación y nos dejó sin poder usar la pileta de la cocina y el lavarropas y no nos advirtió de la situación. Los errores pasan cuando hacemos cosas, por supuesto, pero no nos podemos “largar a llorar” en el medio de la historia y borrarnos del mapa. ¡No! Tenemos que hacernos cargo del error y resolverlo, atravesarlo, aunque nos de fiaca. El plomero podría haber llamado a un colega que pueda ayudarlo a resolver el asunto y tal vez su colega luego le proponía otro trabajo, por ejemplo. O nosotros podríamos recomendarlo para otros trabajos, pero claramente no lo queremos ver ni en figuritas. Todos salimos perdiendo en esta historia.
5 – Cuando creamos una historia debemos SER CLAROS. En esta historia nadie lo fue: yo no fui clara con lo que necesitaba resolver, mi marido no fue claro con el plomero y el plomero no fue claro con el problema que nos dejó.


6 – Si bien la improvisación nos enseña a decir SI, a aceptar para que la historia avance, hay momentos en que es importante saber decir que NO. No con fines de discutir, porque si nos ponemos a discutir las propuestas en escena, la historia no va a crecer, pero podemos negarnos cuando algo no nos gusta, siempre y cuando lo justifiquemos. Viene un/a compañer@ con una propuesta escatológica y nos pregunta si nos gusta la flatulencia que se acaba de tirar, le decimos que no sentimos el olor que quizás tengamos COVID y de ahí nos vamos a la enfermería espacial a hisoparnos, pero la historia no avanzará sobre la flatulencia en sí, sino por la COVID.
Aunque debemos mantener una actitud activa frente a mis compañer@s para entrar en escena en cualquier momento que la historia lo necesite, NO ESTAMOS OBLIGADOS a nada. La clave de la improvisación es jugar, divertirse y dejarse llevar. No tenemos por qué hacer algo si no estamos convencid@s, cuando proponemos tenemos que estar segur@s de eso, porque si proponemos algo en lo que no nos sentimos cómod@s, difícilmente lo podamos sostener mucho tiempo. Finalmente, en algún momento se van a notar los hilos de las marionetas, como pasó con mi amigo el plomero.
7 – Por último, la administración envió a una persona que no podía resolver el problema. No hizo las preguntas necesarias para saber si la persona estaba preparada. Quizás se apuraron en darnos una solución en vez de analizar mejor la situación. Apurarse nunca es bueno ni en las historias que improvisamos ni en la vida. Nunca, nunca, nunca.

Y tengan presente que la única hora, ¡ES AHORA!
Si te gustó lo que leíste, te invito a mirar este video de mi canal de Youtube