¿Cómo la improvisación puede potenciar la toma de decisiones?

En pocas palabras:
Muchas veces nos cuesta tomar decisiones, las opciones y la información son muchas. En este texto les quiero compartir cómo la improvisación nos lleva a tomar decisiones todo el tiempo para hacer progresar la historia y cómo eso los puede ayudar a jugársela más.
Si les gustó, déjenme su comentario al final. Me encanta saber qué sienten o piensan quienes me leen.
Según Wikipedia, la toma de decisiones “es el proceso mediante el cual se realiza una elección entre diferentes opciones o formas posibles para resolver diferentes situaciones en la vida en diferentes contextos: empresarial, laboral, económico, familiar, personal, social, etc. La toma de decisiones consiste, básicamente, en elegir una opción entre las disponibles, a los efectos de resolver un problema actual o potencial.”

La técnica de la improvisación es maravillosa, si venís leyendo mis artículos seguramente te habrás dado cuenta de que soy muy fanática de esta disciplina.
Son muchísimos los motivos que hacen que la ame. Uno de ellos es, por ejemplo, que no es necesario ser actriz o actor para empezar. Y otro motivo es que no es necesario querer convertirse en un/a improvisador/a para improvisar. Para enriquecerse de sus beneficios.
Yo siempre digo que mi público son aquellas personas que quieren embeberse de los enormes recursos que ofrece este arte pero que no desean convertirse en improvisador@s.
Cuando improvisamos una historia partimos de un SI. Así es cómo vamos escribiendo, actuando y dirigiendo la historia en el momento, diciendo que SI. Este punto es fundamental. No es el único recurso en el que nos apoyamos para crear, pero es desde donde partimos.

Un/a compañer@ viene y dice: “Vamos a nadar en un mar de acelga hervida” y allá vamos con la cebolla a ver si aprovechamos las brazadas para cocinar una tarta mientras armamos la historia.
La improvisación tiene algo mágico que en lo personal me cambió la forma de vivir la cotidianeidad. No sé cómo son ustedes, pero en lo personal, antes de conocer la impro era muy team del “NO”. Ojo, no era algo consciente, el NO me gobernada y yo ni anoticiada. Por lo tanto, hacer ese pasaje del NO al SI fue muy contraintuitivo para mí.
¿Les pasa que alguien les pregunta: “¿Todo bien?” Y ustedes responden: “No, si, todo bien”. Este pasaje por el NO antes de llegar al SI lo noto bastante en muchas personas. Es como si el NO estuviese en la punta de la lengua, como si fuera una palabra que está precalentando todo el tiempo para salir a la cancha en cualquier momento. Por eso me copa la impro, porque nos corre de ese lugar. Le saca tarjeta roja al NO y le dice “te calmas que acá opera la lógica de la aceptación”.
¿Por qué respondemos que NO? Porque decir que sí muchas veces implica actuar, hacer, resolver y ¿para qué vamos a ir por ese lado si podemos quejarnos y procrastinar forever and ever?
Otras veces implica darle lugar a las ideas de los otros y eso puede tocar algunas inseguridades personales. ¿Qué pasa si le damos espacio a las ideas de l@s demás? ¿Qué pasa con mis ideas? ¿Cómo mi ego va a ser atacado de semejante manera?

Decir que sí también nos lleva a aceptar nuestras propias ideas y no siempre nos mostramos como mejores amig@s de ello. Muchas veces vemos a nuestras propias ocurrencias como malas, como incómodas, como que a nadie le van a gustar. En su mayoría es un proceso inconsciente, pero no por ello menos dañino para nuestro poder creativo.
Ojo, decir que NO es algo muy importante en la vida también. Claramente no es bueno decir que sí a todo porque poner límites es algo sumamente importante. Solo que en esta oportunidad estamos hablando de creatividad, de construcción y de afectar una intención que muchas veces es automática y no nos damos cuenta de cómo nos afecta. De cómo eso nos aleja de oportunidades.
Ese SI, esa aceptación abre muchas posibilidades. Decir SI implica ir hacia adelante, avanzar. Es hacernos cargo de lo que estamos haciendo. Cuando estamos improvisando una historia no nos podemos hacer l@s giles. Ya estamos ahí. Incluso cuando no estamos en la escena, estamos muy atent@s a lo que pasa en el escenario para tener disponibilidad de meternos cuando se nos necesite, aunque sea haciendo sonidos desde afuera.


La improvisación, y este es el punto que me interesa destacar en este artículo, NOS OBLIGA A TOMAR DECISIONES. En la improvisación siempre estamos resolviendo algo, estamos resolviendo la construcción de la historia en el momento. ¿Cómo vamos a resolver la historia que estamos construyendo? ¿Cómo empieza, como se desarrolla y cómo termina? Incluso no importa en este punto quién es la persona que está proponiendo, en cada movimiento que hacemos estamos tomando decisiones: sea generando propuestas o sea aceptándolas.
Cuando empezamos a construir la historia decidimos: ¿quienes somos, dónde estamos y qué estamos haciendo? ¿Qué estado tiene mi personaje? ¿Qué características tiene? ¿Cuál es el objetivo de la historia? ¿Qué oportunidades generamos para lograrlo? ¿Qué obstáculos van a alejar al protagonista de su objetivo y van a robustecer la historia? ¿Los resuelve o no los resuelve? Improvisar una historia es tomar decisiones sin parar, decisiones grandes y decisiones chiquitas. Decisiones que responden incógnitas del público que junto a l@s improvisador@s están descubriendo en el momento, solo que l@s improvisador@s son quienes decidieron subirse al escenario haciéndose cargo de que van a armar una historia que vale la pena ver.
Por eso creo que las personas deben probar el arte de la improvisación en algún momento de su vida. No importa que no les interese actuar, la improvisación les dará la oportunidad de tomar decisiones condicionadas por otr@s. Cuando improvisamos hay algo que pasa por el cuerpo y que no hay ningún texto que podamos leer que nos brinde esa oportunidad. Podemos leer cientos de páginas que nos hablen de la toma de decisiones, de liderazgo, de trabajo en equipo, pero la improvisación, aunque sea en un contexto lúdico, nos dará la oportunidad de no hacernos los giles y de conocer tanto las oportunidades que tenemos dentro nuestro, como los obstáculos que nos habitan.

Por supuesto que leer, incorporar nuevos conocimientos es fundamental en el desarrollo profesional, acá les hablo de otro aspecto de aprender algo nuevo. Hablo de la posibilidad de que la experiencia de aprendizaje pase por nuestro cuerpo, en el quehacer de algo. Salir del mundo de la imaginación para que el cuerpo nos “obligue” a decidir y a hacer. Porque un conocimiento que no se experimenta en la realidad es un conocimiento que a la larga se va a ir perdiendo, pero cuando lo hacemos pasar por el cuerpo, hay una huella muy muy profunda que se inscribe y que nos acompañará por mucho tiempo.
Vivir la experiencia de decidir, de tomar el toro por las astas, aunque puede resultar sumamente incómodo en un primer momento, una vez que pasamos la primera etapa de la curva de aprendizaje podemos empezar a vivenciar una sensación de empoderamiento enorme. Porque creo que debe haber pocas cosas que empoderen tanto que poder decidir. Por eso les pregunto ¿de qué lado de las decisiones quieren estar?
Y tengan presente que la única hora, ¡ES AHORA!