En pocas palabras:
La creatividad es una de las habilidades más importantes tanto para la vida cotidiana como para el mundo del trabajo. En algún momento me explayaré más sobre el por qué de este asunto, pero en este post les quiero resumir algunos puntos importantes sobre la creatividad, del por qué les recomiendo explorarla.
Si les gustó, déjenme su comentario al final. Me encanta saber qué sienten o piensan quienes me leen.

La importancia de los Objetivos
Un OBJETIVO es algo que queremos lograr. Es la zanahoria que guía nuestras acciones. Los objetivos nos dan un sentido y una dirección para lo que hacemos.
La MOTIVACIÓN tiene mucho que ver con nuestra capacidad de ponernos objetivos, de tener retos y desafíos que afrontar y de lograr nuestras metas.
Una persona que hace realidad un objetivo se siente más motivada.
“Efecto Zeigarnik”
Este nombre se debe a la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik. Ella observó el comportamiento de los mozos en los restaurantes y descubrió que éstos tienden a recordar los pedidos que están pendientes de servir pero se olvidan rápido de aquellos platos que ya sirvieron a los comensales.
Esta observación le permitió darse cuenta que cuando empezamos algo, estamos más dispuestos a terminarlo. Dejar las cosas inconclusas, es decir, la dilación, es más fácil que aparezca si aún no hemos comenzado con algo.
Entonces, el “efecto” señalado por esta profesional tiene que ver con la tendencia de las personas a recordar más aquellas tareas inconclusas o pendientes que las que ya se realizaron.

El efecto Zeigarnik nos enseña que debemos comenzar una tarea o actividad, sin importar la razón.
Mejor si es desde lo más fácil, así podrán continuar de menor a mayor y verse cada vez más entusiasmado con los progresos y avances. Se verán cada vez más involucrados y les resultará más difícil abandonarlo. Una vez que han dado ese primer paso, es más probable que sigan adelante.

El Efecto Zeigarnik no funciona bien si no hay motivación para lograr el objetivo. Esto quiere decir que si lo que estamos haciendo no nos importa, no cambia en nada nuestra vida o no nos ayuda a cumplir nuestro sueño, es más sencillo que encontremos una excusa para abandonarlo o ni siquiera comenzar. Sin embargo, sigue siendo más simple que terminemos una tarea que ya empezamos que aquella que todavía no hemos empezado.
Cuando fallamos en alcanzar una meta se trata más que de simple pereza o falta de voluntad.
Los objetivos son la RAZÓN DE SER DE NUESTRAS ACCIONES. Cuando tenemos objetivos tenemos un ¿PARA QUÉ?
Permiten que nos ordenemos mejor para saber cómo trabajar o actuar, qué cosas o resultados buscar.
Los objetivos hacen más predecible el futuro, nos dan un norte. De todas maneras, si hay algo que nos enseñó la pandemia es la necesidad de adaptarnos. Es importante ser permeables a los cambios porque sino nos vamos a frustrar muchísimo.
Lo primero es la INTENCIÓN de lo que queremos
Son lo que nos hace movilizarnos de una manera u otra. Sea que son concientes y explícitos o inconcientes e implícitos, los objetivos son aquello que tenemos que lograr y por lo cual siempre seguimos realizando actividades tanto materiales, como intelectuales o espirituales que hacen a nuestra cotidianeidad y permanencia.

El Timming de los objetivos
Hay objetivos anuales, mensuales, semanales.
Hay objetivos que cuestan más que otros. Por ejemplo, cambiar un hábito que nos hace mal es más complejo porque intervienen varios mecanismos cerebrales complejos que implican una dedicación especial para modificarlos.
Hay que preguntarse qué “yo”está escribiendo la lista de objetivos.
Las listas son escritas por el viejo yo, la persona perezosa, que no tiene fuerza de voluntad, proclive a las distracciones. Todo lo que el nuevo yo no es. Como si pudiéramos olvidarnos de quiénes somos y mágicamente convertirnos en quiénes queremos ser.


Entonces para cambiar, primero tenemos que pensar en cómo y por qué funcionamos como funcionamos, y acá surge nuevamente el AUTOCONOCIMIENTO (si, este concepto va a aparecer una y otra vez porque es realmente fundamental ya sea para nuestras vidas como para nuestros procesos creativos).
Cómo funciona nuestra fuerza de voluntad, cómo se forman los hábitos y por qué cuesta cambiar.
Escribir tareas u objetivos a realizar, independientemente de si se cumplen o no, mejora la EFECTIVIDAD.
Nuestra fuerza de voluntad es un «recurso renovable», ya que según descubrió la psicóloga social Carol Dweck hace varios años, si bien la gente difiere en la cantidad de autocontrol que tiene, es posible pensar en la voluntad como un músculo capaz de ser ejercitado y entrenado (aunque también hay que dejarlo descansar cuando está agotado).
Por eso los especialistas recomiendan conocerse, entender cuándo estamos agotados, impacientes o nos sentimos con poca voluntad, y dejar los planes o actividades más demandantes para otro momento. En suma, ser estratégicos. Algunas cosas que se aconsejan para no perderse en la frustración: que los objetivos sean específicos, medibles, relevantes para nosotros y que se establezcan deadlines (objetivos SMART).
Julia Cameron, en “El camino del artista”, aconseja: «Cada vez que permito preguntarme: ¿y ahora qué necesito? Me estoy moviendo para adelante. Si tomo un no como respuesta final me quedo atascado».

5 claves para CUMPLIR TUS METAS
- Que la propuesta que nos hagamos sea acorde con nuestro yo.
- Interiorizar la idea de que los objetivos se logran con pasitos de bebé que siempre serán amenazados por la ansiedad de querer haberlo logrado ayer.
- Plasmar las ideas en papel, dejarlas a la vista y hacerles constante seguimiento.
- Otorgarles un tiempo físico, evitando la engañosa trampa de que no tenemos cuándo hacerlo
- Lo más importante es confiar es nosotros mismos y dejar de decirnos que es demasiado tarde.

La Incertidumbre

Existe la noción errada de que planificar en escenarios de incertidumbre no sirve ni tiene sentido.
“Ante mayor incertidumbre, no solo es posible planear, sino que es obligatorio”.
Los motivos por los que un plan no sale como estaba previsto son infinitos. Muchas veces son cuestiones sobre las que tienes control: puede que hayas planificado un exceso de tareas, que no hayas mantenido la disciplina o que te hayas distraído con otras tareas. En estos casos deberías trabajar sobre estas conductas para evitar que afecten a futuras planificaciones.
Pero otras veces los factores que afectan a tu planificación son ajenos. La crisis procada por la pandemia, los factores que escapan a nuestro control se han multiplicado.
En otras palabras, la incertidumbre domina nuestro día a día. No sabemos cómo va a evolucionar la situación, qué medidas van a proponer las autoridades, cuáles serán las consecuencias, qué sucederá con el mercado laboral o cómo serán los nuevos hábitos de consumo.
Parece que esta crisis ha aumentado nuestra percepción de la incertidumbre y por eso hacer planes se ha puesto más complicado que antes. Pero si piensas que es una situación única, te estás equivocando. Antes de que surgiera esta crisis, también había incertidumbre. Siempre nos movemos con un margen de inseguridad, porque siempre pueden surgir imprevistos.
Algunos Tips:
1 - Fortalecer los objetivos a largo plazo
Los objetivos a largo plazo son los que nos acercan a nuestra visión de vida ideal. La imagen de nuestra vida soñada solo va a materializarse si perseveramos en estos objetivos esenciales. En momentos de crisis, es normal dejarlos aparcados temporalmente para centrarnos en el presente y resolver la emergencia. Pero si nos quedamos demasiado tiempo en modo reactivo, respondiendo solo a las necesidades del día a día, pasaremos el tiempo y nos encontraremos en la misma situación que ahora.

Para evitar esto, reservemos algo de tiempo para trabajar en nuestros objetivos. Retomemos la lista de objetivos que hicimos en nuestra planificación anual y analicemos si siguen siendo relevantes en la situación actual o nuestras necesidades han cambiado. En este punto puede que sientamos la tentación de posponer algunos de estos objetivos porque “ahora no es el momento”. Tengamos cuidado para que esa decisión no sea fruto del miedo o la incertidumbre.
Los objetivos a largo plazo relacionados con hábitos y conductas beneficiosas para cada uno no deberían salir de tu lista. Si nos habíamos propuesto hacer más ejercicio, comer mejor, mejorar nuestro tiempo de ocio, leer más o meditar, no dejemos de trabajar en ello.
Después de hacer esta revisión de objetivos, revisemos las acciones clave que habíamos identificado para cada uno de ellos. Es posible que tengamos que retrasar algunos pasos o que debamos buscar una forma alternativa de cumplirlos. Lo importante es alcanzar el objetivo, no importa si debemos modificar un poco el camino que nos habíamos marcado.
2 - Flexibilicemos nuestros objetivos a medio plazo
Si con los objetivos a largo plazo debemos ser firmes y seguir adelante sin perderlos de vista, con los objetivos a medio plazo podemos ser un poco más flexible. El proceso es el mismo que con los objetivos a largo plazo: hay que valorar si siguen vigentes y revisar las acciones clave de cada uno para ver si necesitamos incluir alguna modificación.
La razón de hacer el proceso por separado es dar a los primeros el puesto que merecen. Al planificar en momentos de incertidumbre debemos pensar que los objetivos a medio plazo son importantes, pero no tan determinantes para nuestra misión y visión personales como los objetivos a largo plazo. Es preferible aplazar los objetivos a medio plazo, aunque parezcan más apremiantes.

Sigamos nuestras rutinas de organización. Si no contamos con ellas, creemoslas.
Después de hacer esta revisión de objetivos, podemos seguir el esquema de organización de siempre, es decir, organización anual, mensual, semanal y diaria. El hecho de no poder controlar todos los factores, por planificar en momentos de incertidumbre, no significa que debamos dejarnos llevar por cómo van surgiendo las cosas.
Pensar que no merece la pena planificar porque es posible que no cumplamos todo es como decir que no vamos a perseguir un objetivo porque es posible que no lo alcancemos. Es una actitud derrotista que nos pone en un estado de indefensión, desde el que solo podremos reaccionar a lo que sucede, sin dirigir el rumbo que toman nuestras acciones.
3 - Planificar favorece a la proactividad
De manera intencionada estamos eligiendo qué, cuándo y cómo vamos a hacer nuestras actividades. Puede que no lleguemos a todo o que haya que hacer cambios, pero también puede que lo consigamos o que alcancemos un nivel aceptable.

4 - La clave es la flexibilidad
Si normalmente necesitamos una planificación flexible, porque los imprevistos son inevitables, ahora esa necesidad se multiplica. Si estábamos pensando en abandonar nuestras rutinas de organización durante la crisis, ya vemos que no es una buena opción, aunque sí podemos aplicar algunos consejos adicionales para que la planificación sea más congruente con la situación actual.
5 - Una agenda abierta
Si no es imprescindible, no asignemos día y hora a todas las tareas. Es mejor asignar bloques de tiempo más amplios, como un día o una semana, para poder adaptarnos mejor.

6 - Practicar la planificación pesimista
Cuando estimemos el tiempo de una tarea, multipliquémoslo por 1,5 y reservemos ese tiempo. Así evitaremos la frustración constante de no cumplir plazos y, si al final nos sobra tiempo, podremos dedicarlo a descansar o a seguir con otras tareas.
7 - Reconciliarse con la situación
Vivimos una situación muy tensa y desagradable, pero no podemos atascarnos en la frustración, la rabia o la negación. Asumamos que es el momento que nos tocó, dejemos esa lucha interna y esforcémonos para trabajar con lo que tenemos.

7 - Mantener los hábitos y rutinas
Éstos son la base del día a día y son la mejor inversión que podemos hacer para mejorar nuestra productividad, pero, en los momentos de incertidumbre, se pueden venir abajo. Hay muchísimas razones, tanto internas como externas, que nos pueden hacer perder esas rutinas que eran beneficiosas para nosotros.


Es comprensible que, en la primera fase de shock de la pandemia, por el miedo, la incertidumbre o la tristeza, hayamos abandonado nuestras rutinas. Pero una vez superado ese momento, debmos recuperarlas o empezar a trabajar en ellas.
Es una buena idea buscar una versión mínima viable de cada rutina. Así, cuando un día no podamos cumplir la rutina completa, podremos hacer esa versión reducida, que nos ayude a no romper la cadena y mantener tus hábitos.
Y tengan presente que la única hora, ¡ES AHORA!
Si les gustó lo que leyeron, l@s invito a mirar este video de mi canal de Youtube